domingo, enero 28, 2007

Ayudando a los niños a interpretar la muerte.

Es muy frecuente que intentemos evitar a los niños de la experiencia del dolor y la tristeza que provoca la muerte sobre todo de un ser muy cercano como puede ser la madre, el padre o un hermano. Es nuestro instinto de protección que nos hace cometer muchos errores al no permitir a los niños iniciar su duelo de forma natural. Recurrimos a explicaciones fantasiosas, fabulatorias en torno al suceso de la muerte que mas que ayuda lo que provocan es la falta de información que mas adelante será de vital importancias para completar la historia del suceso cuando el niño o la niña de acuerdo a su edad inicien el proceso de entender la muerte como un suceso normal y definitivo.

La manera en como un niño
interpreta la muerte depende de su edad.

No sabemos como maneja la muerte de un ser querido, no nos preparamos para la muerte de nuestros seres más s cercanos y menos para la muerte de un hijo de una hija. Tememos a nuestra propia muerte.
Cuando nos toma de sorpresa la muerte y nos llega la experiencia de repente, y este acontecimiento están involucrados niños y niñas, nos paralizamos y no sabemos que hacer, nos bloquea el desconocimiento de cómo reaccionar ante este evento que ayude al niño o niña a interpretar el suceso.
Es a mi juicio un tema sensible, difícil de aceptar pero es preciso saber abordar.

Mi testimonio.
Tuve la experiencia de perder a mi padre en un hecho trágico, cuando apenas tenia 10 años, fue un proceso de duelo largo y silencioso. Recuerdo que estaba en el colegio y fueron por unos amigos de mi madre, fue un viaje silencioso, yo advertía que algo trágico había pasado, solo me dijeron que mi padre había sufrido un accidente. Me llevaron a la clínica en donde estaban operando a mi padre, el ambiente era denso, sólo escuchaba susurros, palabras entrecortadas, gestos de desconcierto, de ira, de rabia. No entendía nada, nadie me explicó los detalles de lo que había ocurrido. La posibilidad de que mi padre muriera en ese proceso quirúrgico no me lo expresaron.
Me llevaron a casa de los amigos de mi madre, y en la tarde se apoderó de mi una profunda tristeza, un desconsuelo, que puedo recordar con claridad, momento seguido apagaron la radio. Yo había intuido que mi padre había fallecido. El proceso del traslado del cadáver hasta nuestra casa, me resultó impresionante, el aullido de la sirena de la ambulancia aun queda en el recuerdo recóndito de esa trágica tarde.
Mi padre fue una de las tantas victimas del gobierno de los 12 años del doctor Joaquín Balaguer.

Cuando me enteré de la visita de una psicóloga chilena experta en duelo no dude en contactarla, para hacer un programa sobre como manejar la muerte con los niños .Es fundamental para mi que los padres/madres sepan como manejar el tema y la experiencia de la muerte con sus hijos/as para evitar duelos complicados y patológico.
Los conceptos emitidos en este artículo son extraídos de la conversación sostenida con la Lic Magdalena Figueroa, especialista en cuidados paliativos en nuestros programa de radio Tiempo en Familia.

El miedo a la muerte. Herencia del siglo 20.

Las muertes violentas y repentinas son difíciles de aceptar, pues no estamos preparados para aceptarlas, con frecuencia tenemos el falso concepto que los que se mueren son los otros, se mueren los demás, tendemos a vernos con mucha frecuencia como inmortales, o por lo menos no nos consideramos mortales, evitamos pensar en nuestra propia muerte.

El miedo a la muerte es una adquisición del siglo pasado. Anteriormente se la muerte formaba parte de la cotidianidad y costumbre de los pueblos. Antes del advenimiento de los antibióticos y las vacunas la edad promedio de vida era muy corta. Los niños en los primeros años de vida morían con mucha frecuencia, entonces la mayoría de las familias tenían la experiencia de ver morir a alguien cercano. A partir de la revolución tecnológica y el avance de la medicina, he permito que el hombre eleve su nivel de salud y aumente considerablemente su sobrevida, al vivir y controlar mas el entorno pues les hizo olvidarse de la muerte. Sin embargo a principio del siglo 21 se ha iniciado hablando de la muerte, se está recuperando la idea que vamos a morir.

El duelo como proceso de aceptación.

El duelo justamente que se inicia con la muerte o con la noticia de la enfermedad fatal y termina cerca de un año. En el transcurso de este año aparecerán fechas que recuerdan con mucha intensidad la persona fallecida, son fechas que rememoran estas personas. Este año, no es que la tristeza desaparece, es que se aquieta, es una tristeza tranquila, resignada. El hecho de no llorar todos los días, no significa que se ha olvidado a la persona. La persona fallecida no se olvida nunca. SiemComo manejar la muerte con los niños.

Los niños que han experimentado la experiencia de la muerte de un ser querido sobre todo si es su padre o su madre, el manejar la noticia crea mucha angustia y con frecuencia se comenten errores que provocan que el proceso de duelo sea mas difícil.
Existe la intención de los adultos a proteger a l niño para evitar que vean o vivan el sufrimiento de los demás y el suyo propio, y alrededor de la partida se crean una serie de fábulas, explicaciones no ciertas o le ocultan el hecho. Estas formas incorrectas de manejar esta situación no ayudan en nada al niño procesar el suceso.

Es importante que los niños participen de los actos fúnebres
.

Los niños muy pequeños, menores de 4 años no entienden el concepto de muerte. Es recomendable que los niños participen en los actos fúnebres, aunque no entiendan en el momento lo que está sucediendo. Sin embargo posteriormente tendrán un esquema mental q ue les va a ayudar a entender la situación y concluir con este proceso de una forma más sana y completa.

La forma de explicar la muerte a los niños no debe ser con todos los detalles, ni de forma fabulatoria. No debe decírseles: se fue al cielo, se fue de viaje, que se fue en un avión o está dormido para siempre. Los niños interpretan lo que les decimos de forma concreta, creen literalmente lo que se les dice. Magdalena comenta que en su consulta les ha tocado tratar niños que se les ha dicho que su padre se fue al cielo y se mantienen constantemente mirando al cielo a ver si ven su padre.

Es importante que el niño sepa que falleció y que no va a estar más. Es usar un lenguaje para explicar el evento. Si es niño es mayorcito puede ver el cuerpo de la persona fallecida, por supuesto si no esta desfigurada. Es bueno para que se haga una imagen de que está quieta, que no está hablando y esto provoca un cierre un mayor entendimiento del proceso.

El manejo inadecuada del suceso de la muerte de un ser muy cercano trae consecuencias diversas en los niños. Si aun niño se le dice que su padre está de viaje, el niño esta en espera y dura años en espera y como no vuelve pierde la confianza, no siempre lo manifiesta o no lo expresa, sino que queda con esta idea y pierde la confianza en los demás. La idea del cielo, a medida que un niño crece sabe que no es cierta, sabe que le inventaron, al crecer ellos comienzan a entender la muerte.

No es bueno decir algo que para el adulto simboliza la muerte, pero para el niño no. Los niños entienden el lenguaje literalmente, tal cual le decimos, interpretan lo que le decimos de forma concreta.
¿Cómo el niño interpreta la muerte?

La forma de interpretar la muerte depende de la edad. En los niños muy pequeños no tiene ningún significado. La vida, sin embargo se va encargando de que los niños vayan interpretando la muerte, con los sucesos de la naturaleza, como por ejemplo la muerte de un pajarito, de un insecto, de su mascota, y poco a poco va interpretando que la muerte es la no existencia.

La forma de vivir el duelo por los adultos es fundamental para que los niños puedan superar el evento. El hecho de recordar a la persona fallecida es normal, lo que si es patológico el duelo sea muy largo, porque se suprimen situaciones normales de la familia. Por ejemplo no celebrar la navidad porque murió una persona para el niño es inconcebible, se pude celebrar, se puede hablar y se puede llorar por la persona sobre todo en navidad, conversar acerca de la persona fallecida, hacerlo presente en estas celebraciones familiares de fechas importantes, pero no suprimir ninguna fecha importante. La única manera de hacer duelo normal es hablar de lo que sucedió, llorar, llorar y llorar. Es importante que se hable. Hay mucha gente que se reprime de expresar su tristeza porque cree que la gente lo recibe mejor, pero en este caso no es una postura sana, el llanto suele ser sanador en estos casos.


Es normal que los niños y los adultos puedan ver sentir y soñar con la persona fallecida, es frecuente que la imagen vuelva sobre todo a los lugares especiales de la persona. El que le parece verle, pero no es que lo vea, sin embargo el niño expresa esta sensación., con el niño también se puede dar un dialogo imaginario con la persona fallecida.


La manifestación del duelo en los niños
En niños menores de 10 años durante el velorio es frecuente que el niño aparente que no le está pasando nada, el niño juega con los amigos, está como si no le pasara nada. No hay que espera la conducta del adulto en el niño. Con relativa frecuencia los adultos se expresan ante esta conducta como si al niño no le importara nada, pero el niño está con una tristeza terrible, esta con una carencia y esto se manifiesta posteriormente sobre todo en el colegio, donde baja su rendimiento, ya no quiere reunirse con su amiguitos, o llora a escondidas. La muerte del padre o la madre no solamente implica la muerte de un ser querido, también implica la muerte del ser que proveía seguridad, cuidados, cariño. El niño se siente desvalido hay una sensación terrible de abandono. El hecho de que los niños no expresen su tristeza de forma igual a los adultos, hace pensar que están bien, que no les ha afectado la noticia y esto es una falsa concepción porque los niños están terriblemente afectados. Esta falsa interpretación hace que los adultos no los acompañen en estos momentos, con frecuencia los dejan de lado, no los acunan, no los abrazan, no los hacen sentir seguros. No los contienen.

Para acompañar al niño es preciso que la red familiar apoyen a los niños en este proceso/


Como preparar a los niños con una enfermedad Terminal.

El niño acepta su muerte mejor que los adultos. Los niños son tan sanos, tan simples que cuando están en etapa Terminal de una enfermedad tienen la intuición de que van a morir, es el caso de los niños mayores.
Existen cuentos que se les cuentan a los niños para decirles que van a morir. Son cuentos simbólicos, cuando ellos van morir hablan de forma simbólica no de forma concreta. El lenguaje que manejan tanto verbal como de expresión grafica suele ser simbólico, lo expresan también con los dibujos.
Si los padres se dan cuenta que los niños están bien que van aceptando el proceso de la partida, con frecuencia ellos están más tranquilos. Con frecuencia los propios niños dan consuelo a los padres.


No hay mayor dolor que la muerte de un hijo.

La muerte de un hijo/a es una muerte inesperada, es antinatural. Que muera un hijo/a antes que los padres/madres no es lo habitual, no es lo esperado. Es un dolor para los padres. El duelo es igual y es preciso llevarlo de igual manera.
En el caso de los padres muy mayores, pues una característica del ser humano envejecido, es tomar distancia de los procesos que provocan dolor, es un mecanismo de defensa, en los padres después de 80 años hay que tener mucho más cuidado. Es frecuente que en el duelo se ponga mucha atención al cónyuge y a los hijos mayores, también hay que ocuparse de los padres, están sufriendo, y sobre todo sufriendo algo que no se comprende.

La muerte de un hermano es diferente a la muerte de un padre/madre porque pierde a su compañero, el niño siente el vacío en su casa.

Es muy doloroso perderlo, y con mucha frecuencia hay un sentimiento de culpa y el sobreviviente con frecuencia se pregunta porqué no murió el, porque ven a los padres sufriendo tanto, esto los hace interpreta que el hijo que falleció era el más querido, entonces considera más justo morirse él. Es importante hacerle ver que esta interpretación que hace de la situación no es cierta, es fundamental hacerles sentir que es igualmente amado, querido y aceptado como el hermano enfermo o fallecido.
Esperamos haber contribuido a esclarecer el proceso de la muerte interpretado por los niños, si al leer este articulo ha creado en usted dudas, inquietudes no dude en escribirnos, con gusto contestaremos sus preguntas.
Gracias y hasta la próxima



Invitamos a nuestros lectores si están interesados en conocer mas acerca de este tema en contactar a Magdalena Figueroa o de participar en el próximo taller que va a impartir acerca de revisión de actitudes y crecimiento personal La alegría de vivir, el 10 de febrero, sábado de 9 a 5 de la tarde, llamar a 809-549 7071. En este taller se internaliza el concepto de la muerte. Nos hace aprovechar la vida de forma conciente y hermosa.
Si está interesada en taller acerca de duelo y muerte, pendiente fechas de acuerdo a solicitud de interesados.



1 comentario:

Elena dijo...

Por los azares de la navegación en internet he dado con su interesante blog, por el que le felicito efusivamente.

El pasado 31/10/2007 he sufrido la pérdida de mi esposa, por un cáncer contra el que luchó valientemente durante cuatro años. Tengo dos hijos. Un chico de 13 años y una niña de 8.

El extraordinario modo en que han aceptado la muerte de mamá me anima a dirigirle estas palabras.

Desde el principio ambos conocíamos la gravedad de su situación y que los pronósticos más optimistas cifraban su esperanza de vida en no más de 5 años.

Durante la primera fase de la enfermedad, la operación en la que le reseccionaron el estómago, la radioterapia, la quimioterapia... yo me mantuve firme en el papel de bastión inamovible de la familia. "No pasa nada, papá controla la situación". La niña quizá era excesivamente pequeña como para alcanzar la gravedad del asunto, pero, con el paso del tiempo, el niño (entonces tenía 8 años) desarrolló importantes crisis de angustia.

La nilña asumió el tema bien. Su profesora nos mostró un dibujo suyo de la familia. Papá, mamá y los dos niños están en el campo cogidos de la mano. Papá es grande y con barba, mamá es muy delgadita, sólo tiene cuatro pelos y tiene una cicatriz en la barriga, por encima de la ropa. Los cuatro sonríen.

Consulté con un psicólogo, que me hizo comprender mi bienintencionado error. El niño aprendía de mí por imitación. El modelo que yo le transmitía era inalcanzable para él, por lo supuestamente valiente, entero y firme. Esto le hacía pensar que no estaba a la altura y lo desmoronaba. Sería bueno que pensara que su padre también era una persona humana, que también lloraba, se enrabiaba y maldecía. Esto le pondría a la altura de los hombres, más que en la de los semi-dioses.

Poco después falleció la esposa de mi hermano (también de cáncer) y esta vez, el modo en el que vivimos el duelo en la familia fue de una forma más abierta y espontánea, con llanto en común, conversaciones abiertas sobre lo que había pasado y lo superamos de un modo mucho menos penoso.

Hace unos seis meses, y cuando ya todos los pronósticos médicos eran fatalistas, nos pusimos en contacto con la psicóloga de la Asociación Española contra el cáncer, la cual nos recomendó lecturas y nos aconsejó sobre cómo ayudar a los niños a sobrellevar lo que en breve iba a suceder.

Mi esposa falleció un miércoles. El domingo anterior hablamos con los niños y les explicamos dulce, pero claramente en qué punto estaban las cosas. Que comprendíamos y agradecíamos el buen grado con el que habían aceptado las limitaciones de todo tipo que había supuesto la enfermedad de mamá, pero que el final iba a ser pronto.

Dos horas más tarde de la muerte de ella, fui a comunicársela a los niños, que, al verme, ya intuyeron lo que pasaba y corrieron a consolarme.

El domingo pasado los tres plantamos unos rosales sobre las cenizas de mamá.

Por supuesto que estamos tristes, y que la echamos mucho de menos, pero, los tres, hemos comprendido que era inevitable, que nuestra vida sigue y que, en cierto modo, ha sido mejor así.

Muchas gracias por su artículo. Reciba un afectuoso saludo desde Zaragoza (España)
Javier Gabás